XIX Congreso – Ética

Coordinación de área: Dora Elvira García G.

La cuestión del pensamiento filosófico vinculado al accionar humano trastoca la cultura, las instituciones, los modos de producción y de relación humana; por ello, exige un replanteamiento desde nuevas categorías. Proponemos abordar al pensamiento mismo vinculado con la libertad y colocar a la ética como gozne posibilitador. Así, en este espacio de reflexión se podrá identificar que toda ética tiene un fin, pero que una ética del pensamiento, que nace de la propia naturaleza de éste no puede tener otro fin que el pensamiento mismo, que es otra manera de decir la libertad. En esta tarea podríamos tomar como punto de referencia las reflexiones de Michael Foucault quien percibió una estreche relación entre ética y libertad al afirmar que hay un reenvío mutuo, pues la libertad es la condición ontológica de la ética; pero la ética es la forma reflexiva que toma la libertad. Así, podremos sostener que el trabajo del pensamiento sobre el pensamiento mismo es el de cambiar nuestros límites, es decir, concebir la reflexión ética, como el resultado de un cambio epistémico por el que el sujeto, su pensamiento, el cogito es constantemente rebasado por algo previo, el lenguaje, la vida, la historia. 

Así, en esta área de ética pretendemos que el pensamiento no establezca una relación de complicidad con la historia ni con el tipo de razón fraguado en la Modernidad. Porque, de establecerse una complicidad del primer orden, tendríamos como consecuencia una gran dificultad y, en ocasiones hasta imposibilidad, en la vinculación y compromiso con temas como la defensa de los derechos humanos o con la memoria de las injusticias que posibilite la empatía con las víctimas. Otras consecuencias de estas complicidades modernas serían, por mencionar algunas, la instrumentalización de la razón; donde quien tenga mayor capacidad argumentativa obtendrá los mayores beneficios; así como  la deslegitimación de la autoridad y el valor del testigo, fundamental en temas de búsqueda de justicia. La singularidad de la propuesta de nuestro simposio consistirá en no perder de vista, en ningún momento, la confrontación de todo pensamiento con la realidad y la historia. No olvidar a los olvidados y hacer que la memoria del sufriente se convierta en una convicción vital para quienes participen desde su trabajo intelectual.. De ahí que no estemos interesados en  formular una moral porque el pensamiento es ya en sí, la acción, es donde el principio, y en su propio espesor, un cierto modo de acción. Como tal, el pensamiento es ya salida de sí mismo en su ser propio, no es ya teoría; desde el momento en que piensa, hiere o reconcilia, aproxima o aleja; el pensamiento es en sí mismo una acción, un quehacer ético. 

Por otro lado, en el área de ética se abordarán las implicaciones de la reestructuración de la cosmovisión, en tanto manera de concebir al mundo y de aproximarse a la naturaleza y al ser humano, que fue uno de los principales efectos que produjo la Ilustración. La pertinencia de abordar esta cosmovisión deviene del giro radical en las concepciones de Dios, del mundo y del hombre mismo. Pues la filosofía no como disciplina, sino como expresión constitutiva de la cultura no resultó ajena a estos cambios. Sufrió un sesgo que podemos visualizar en dos ejes: el primero establece como principio de carácter absoluto la conciencia del sujeto pensante orientada a vislumbrar una metafísica de la subjetividad; el segundo eje se ubica en el plano de la pretensión de dominación sobre la naturaleza que anticipa y justifica el uso de la tecnología. Con ello, se considera que el trabajo ético-filosófico debe consistir en sacar a la luz la forma de racionalidad, es decir, desenmascarar el sistema de pensamiento que rige cada uno de esos dominios. Esta es la actividad crítica propia del intelectual, del profesional del pensamiento que participe en el simposio de ética: su trabajo será. El  precisamente  hacer que lo que parece evidente, ya dado, no lo sea; lo que se da como necesario e inmutable se muestre prescindible y cambiante. Actuará para facilitar la acción crítica de los demás, y no  para decir a los demás qué deberían hacer. 

Finalmente, una categoría fundamental para proponer las reflexiones ético-filosóficas en el área deberá ser la experiencia, una que sea resultado de un heterogéneo conjunto de vectores, de carácter social, institucional, epistémico, normativo, económico, gubernativo, etc. Lo que, a su vez,  ayudará a comprender que el sujeto es siempre un constructo. Las reflexiones de quienes formen parte del coloquio de ética pondrán el énfasis en la construcción histórica y contingente de las prácticas y discursos que suponemos naturales y permanentes.  

Así entonces, la reflexión ético-filosófica podrá abordarse desde las diferentes perspectivas y subdisciplinas que la componen, sin descartar a autores cuya obra no tenga una dimensión ética explícita, pero sí implícita.  

 

Simposios:

Filosofía de la paz.

Emmanuel Levinás y el otro.