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Simposio: Realismo especulativo.

Coordinador: Mario Teodoro Ramírez

La fórmula realismo ontológico-especulativo (especulativo = racional puro) puede
servir bien para caracterizar lo esencial del movimiento filosófico del nuevo realismo. Queda claro que él se opone a todo tipo de idealismo (objetivo, subjetivo, dialéctico, fenomenológico), pero también a los realismos previos: el metafísico (lo real es lo necesario), el empirista (lo real es lo que experimento), el naturalista (lo real es lo físico-material), o el científico (lo real es lo que se ajusta a los aparatos cognitivos); y se opone, sobre todo, al correlacionismo posmoderno (sujeto-objeto, lenguaje-realidad). Así, podemos formular las tres tesis básicas del realismo ontológico-especulativo, mismas que consideramos válidas, además de necesarias, en el contextoactual del pensamiento filosófico. Son las siguientes:

1. La realidad existe independientemente de nosotros (la conciencia, el
lenguaje, los saberes, etcétera). Lo que, ciertamente, no es nada nuevo, si acaso lo será para algunos filósofos.
2. El ser, el objeto, tiene prioridad sobre el conocer, sobre el sujeto; la ontología
sobre la epistemología. Para conocer algo, eso debe existir primero (y hay mil y un
formas de existir; el ser no está sometido a ningún orden necesario ni a ninguna
jerarquía antropocéntrica).
3. La existencia de la realidad en cuanto tal sólo puede ser el objeto de una
afirmación especulativa pura, de una aprehensión del pensamiento puro (la razón
pura sí capta la “cosa en sí”). Luego entonces: prioridad del pensamiento (filosófico)
sobre el conocimiento (científico).

Por nuestra parte, nos importa defender la tesis de que, en cuanto “realista” y
“especulativo” a la vez (lo que en el contexto de la historia de la filosofía casi parece un oxímoron), el nuevo realismo consiste finalmente en una combinación de lo mejor del espíritu filosófico: el sentido de la realidad y la verdad de los realismos y la potencia creadora del pensamiento reflexivo-racional de los idealismos. En esta medida, podemos afirmar que el nuevo realismo no es una filosofía más sino el proyecto de construir, por fin, una filosofía unificada, una “ciencia filosófica” que vaya más allá de dicotomías irreductibles y sectarismos inveterados (en diálogo de sordos, y ciegos); que, como quiere Markus Gabriel, tenga como figura a Freghel (Frege + Hegel), esto es, una figura imaginaria donde se unen e integran lo mejor de espíritu analítico de lafilosofía con la más alta cumbre del pensamiento especulativo. Probablemente esta pretensión de unidad, como en otras ocasiones en la historia de la filosofía, fracase o resulte incumplible. Aún así, seguirá siendo cierto que la dificultad para superar el sectarismo filosófico, es decir, la proliferación de líneas y corrientes filosóficas atrincheradas en sus supuestos y asunciones, no obedece a razones teóricas válidas sino a meros intereses y posiciones ideológicas, y por otra parte, tampoco dejará de ser cierto que mientras la filosofía siga enquistada en el esquema de las divergencias irreductibles, la posibilidad de que el pensamiento pueda responder adecuada y responsablemente a los desafíos de la realidad contemporánea se verá cada vez más disminuida. Mientras los filósofos no dialoguen entre ellos no serán escuchados por los no-filósofos.

El punto pendiente respecto al nuevo realismo es el que la persistente
perspectiva epistemológica puede plantear: ¿cuáles son los criterios que fundamentan
un discurso ontológico? ¿En qué puede basarse tal o cual filósofo para proponer una
concepción de la realidad? Básicamente, la pretensión de algunos nuevos realistas ha
sido restaurar la idea de una racionalidad filosófica como tal, es decir, analítica y
especulativa, pura, apegada a la lógica básica y operando en torno al planteamiento
consistente de una problemática conceptual. Si bien, como hemos apuntado, no se
basa en la experiencia ni en cualquier otra cosa ajena al propio pensamiento, sí tiene
como criterio no contradecir frontalmente los datos de nuestra experiencia o los
resultados del saber científico. Es cierto que podemos discutir si ontológicamente
todo es uno, o muchos, si todo es objeto o no lo es, si la realidad es necesaria o
contingente, o incluso si en realidad no existe el todo. Lo que sí difícilmente podemos decir (al menos en nuestra época) es que el Ser sea una montaña montada sobre cuatro elefantes que se apoyan en una tortuga gigante que navega parsimoniosa sobre el océano del cosmos infinito.

En cuanto, como decimos, pretende hacer de la filosofía una ciencia unificada,
el valor del nuevo realismo estriba ante todo en el hecho de que está logrando de un
modo inédito promover la discusión entre las diversas corrientes filosóficas de
nuestra época. Esto tiene que ver con que el tema o problema de la “realidad” es un
asunto básico de toda filosofía, particularmente presente de modo explícito o implícito tanto en la filosofía analítica como en la filosofía fenomenológica, por mencionar dos de las corrientes más significativas de la filosofía del siglo XX. Todo apunta, de esta manera, a que el nuevo realismo se configure en un futuro próximo, una vez apaciguadas las aguas que ha movido, como la nueva koiné de nuestro tiempo.